Fiebre Amarilla.
¿De qué se trata?
-La fiebre amarilla es una enfermedad muy típica en los
países tropicales que es transmitida por la picadura de ciertos mosquitos y que
normalmente desencadena grandes epidemias.
También denominada vómito negro y plaga americana, la fiebre amarilla
corresponde a la familia conocida como Flaviviridae, y al género Flavivirus
amaril. Su particular denominación de amarilla tiene que ver con los signos de
ictericia (coloración amarillenta en la piel y mucosas por el aumento de la
bilirrubina) que la misma produce en algunos pacientes que la han contraído.
Algunos síntomas
-Su período de incubación dura oscila entre los 3 y 7 días y
su duración es de aproximadamente dos semanas. Tras la incubación la fiebre
amarilla puede asumir dos formas clínicas diferentes: forma leve (comienza
con fiebre elevada, escalofríos y cefalea; suele durar de 1 a 3 días y se
cura sin inconvenientes posteriores) y forma grave o clásica (tras
una manifestación similar a la leve, desciende la fiebre y luego vuelve a
reaparecer acompañada de la mencionada ictericia, pudiendo derivar en
insuficiencia hepática y renal).
Diagnóstico
Lo más importante para poder diagnosticar un caso de fiebre amarilla son los
datos clínicos aportados por el paciente. Para ello, se le debe interrogar
sobre viajes recientes a zonas endémicas de la enfermedad, y conocer si ha
recibido la vacuna contra la fiebre amarilla. La vacunación tiene una eficacia
preventiva próxima al 100%, por lo que la enfermedad es muy improbable en una
persona correctamente vacunada.
En cuanto a las pruebas analíticas, se solicitará una
hematología completa, en la cual, en caso de padecer fiebre amarilla, se puede
observar una disminución de los glóbulos blancos (leucopenia) y un aumento del
hematocrito por deshidratación. Asimismo, en la bioquímica se encontrarán
elevadas la creatinina (lo que indica alteraciones en la función renal) y las
pruebas de función hepática como las transaminasas y la bilirrubina.
Las pruebas que indican cómo está la coagulación de la sangre se encuentran
también alteradas, especialmente en los casos en los que se desarrolla un
cuadro de fiebre hemorrágica.
Desde el punto de vista inmunológico se realizará la
determinación de anticuerpos en sangre contra el virus, y en caso de infección
se observará un aumento importante de los mismos, que puede llegar hasta cuatro
veces los valores normales en un paciente que no ha recibido la vacuna de la
fiebre amarilla.
¿Existe alguna cura?
No existe un tratamiento concreto y eficaz, la mejor manera
de prevenirla es con la vacuna, aplicándola en caso de viajar o visitar las
zonas más sensibles. La vacuna es efectiva desde los 10 días después de su
aplicación hasta los diez años posteriores; en los casos graves se recomienda
el tratamiento de los síntomas que despertó, especialmente la rehidratación del
paciente y el control de la hipotensión. La mortalidad en el mundo es del 5 %.
El
desarrollo de una vacuna para prevenir la enfermedad por parte del virólogo
sudafricano Max Theiler en el año 1937 fue un enorme hallazgo y un paso firme
para combatirla, sin embargo, aún varias poblaciones continúan en riesgo. La
fiebre amarilla solo se contrae en África, Centroamérica, Sudamérica y el
Caribe, afectando especialmente a aquellas personas que trabajan en las selvas
tropicales lluviosas.
